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lunes, 8 de septiembre de 2008

COMERSELO CON PATATAS

Justo antes de mi largo paréntesis escribí un post sobre las rutas que se estaban realizando por la Ribeira Sacra. Anuncié mi intención de realizar alguna de ellas y luego contarla, aunque con una clara predisposición en contra. No me parecía a mi que fuese muy diferente de los otros intentos anteriores de hacer rutas con carteles.

Pues bien: Con patatas me he de comer tal afirmación, por lo menos en lo que a la rutas que desde Ourense sube a Monforte de Lemos. Completo paseo en autobús por la Ribeira del Sil, con visita al cenobio de San Estevo, el centro histórico de Monforte, y la subzona de Sober y Amandi, con cata incluida. Buen servicio del guia, empollado tanto en arte, historia y tradición vinícola , como en atención al cliente.

Yo no pude realizar la visita, ya que la intendencia de tres niños me lo impidió, pero las personas que si la hicieron, mis tíos, son de mi más absoluta confianza, no pecan de pelotas ni de quisquillosos.

Así que, mis predicciones se acercaron a las de la Bruja Lola y solo me queda reconocer el acierto de una propuesta bien armada y hacer votos porque no sea esta la última.



miércoles, 27 de febrero de 2008

DIAS DE LLUVIA




Hay jornadas infinitas y ésta ha sido una de ellas. Ha llegado ese fastidioso punto del día en el que el cansancio acumulado empieza a hacer mella en el cuerpo y el alma saturada comienza areclamar un rato de atención mimosa.
Ha terminado el trabajo, hecho la compra, y ahora llega el momento tan esperado de enfrentarse con el descanso. Te derrumbas encima del sofá y respiras profunda y satisfactoriamente, creyendo haber encontrado el lugar perfecto para desconectar. Pero a medida que avanzan los minutos esa primera sensación de placidez se diluye en el aire. Observas a tu alrededor: los cojines ahuecados sobre la butaca, el cenicero vacío sobre la mesa, las cortinas que impiden que el festival de luces de la calle allane tu salón, la tele silenciada pasando imágenes... Todo está en su sitio, en el mismo sitio de siempre. La tranquilidad, la misma de siempre. Todo sabe a rutina, a monotonía, a aburrimiento impertinente y es ese regusto a dejá vu el que hace que saltes de tu asiento, ansioso por escapar de unas paredes que amenazan con echarse encima. Inquieto, te asomas a la ventana. Y allí está. La lluvia gris, plomiza, dibuja delante de ti un muro de agua que bloquea de inmediato ese primer impulso de huída. Empiezas a pensar con urgencia cómo lidiar con esas fastidiosas gotas que han decidido aliarse en tu contra. El coche queda descartado, con este tiempo las distancias se hacen inmensas y los caminos, inseguros; la palabra paseo te provoca pereza solo con imaginarla y el ir de tiendas hace tiempo que no entra en tus planes de recreo.
Añoras tener un refugio, un lugar fijo al que ir corriendo mientras dejas atrás los ruidos de la vida
cotidiana. Un sitio donde no te llueva sobre la cabeza, ya sea en forma de gotas o de problemas. Una pequeña guarida urbana en la que darle tregua a la prisa, tomar algo gratificante y, por qué no, entregarte un rato a la vida contemplativa.

Hay algunos lugares a los que puedes acudir en busca de ese deseado cobijo, y así dejar de dar vueltas sin sentido en los días como hoy. Días de lluvia.
De la misma manera que no podemos utilizar el mismo paraguas para resguardarnos de una fina llovizna y de un terrible aguacero, no podemos enfrentarnos de modo rutinario y sistemático a nuestro humor, siempre cambiante. Puede que hoy te hayas levantado con una morriña sonriente pegada a la piel y, por qué no, te apetezca saborear esa nostalgia momentánea. Y si es así, ningún sitio mejor para ello que la capital de Galicia. Se suele decir que si no puedes con el enemigo es mejor que te unas a él, y hay ciudades donde es preferible amigarse con la lluvia, casi
diaria, si no quieres que el gruñido se convierta en tu modo de expresión habitual. Ése es el caso de Santiago de Compostela. No miente quien dice que la lluvia allí es arte y, para comprobarlo, lo
mejor que puedes hacer es calzarte las botas y, sin miedo y sin remilgos, salir a dar un paseo sobre el encharcado suelo de piedra del casco histórico hasta llegar al Camalea. El Camalea es un local mediano, cuadrado y tremendamente cálido que se sitúa justo allí donde puedes apreciar toda la belleza melancólica de la ciudad, y ya has dejado atrás el tumulto de tiendas sembradas de fiebre turista. A partir de las seis de la tarde de cualquier día, podrás abrigarte entre sus paredes de piedra, libres de estridencias, y disfrutar de un buen café o una buena infusión caliente mientras aprovechas la conexión wifi para responder tranquilamente los correos electrónicos que hacen cola en la bandeja de entrada. Su ambiente cosmopolita y variado, convierten al número 4 de la plaza de San Martiño en un punto de encuentro ideal, haciendo que se asome a tu cara la sonrisa de la tranquilidad. Mira por la ventana. respira tranquilidad. Vive.

lunes, 28 de enero de 2008

Galicia World


Son las diez de la mañana y estoy en el punto más alto de los remontes de la estación de esquí de Manzaneda, en Ourense. La revista que me paga por fotografiar y escribir me ha enviado a realizar un articulo sobre la comarca de Tierras de Trives en la que está la estación. Estoy esperando a su director para comentar los servicios del centro y sus bondades. Hace frió, o soy yo que no me he movido en los últimos cinco minutos esperando a que un rayo de sol pasase por entre los radios del arrastre de los telesillas. Todo por una foto.

Al fin aparece, se ha incorporado a la dirección de la estación hace apenas dos meses. Me comenta los múltiples servicios y las variadas ofertas de ocio del centro de montaña. Hace unos años era una estación invernal. Ahora la falta de nieve agudiza el ingenio. ¿Quien dijo que el cambio climático era malo?. Apenas hay nieve en las pistas. En los alrededores hace días que desapareció arrastrada por las lluvias; tampoco es que haya mucha gente para disfrutarla; algún grupo de estudiantes, el director y un invitado y yo con mi cámara. Termino mi aséptica y profesional entrevista. lo cierto es que no me gustan mucho los lugares comunes del turismo masivo, prefiero los rincones con encanto, con pequeños seres emocionados con su trabajo y que tienen historias que contar y no tan solo currículum turístico. Uno que es rarito. Me subo al telesilla para bajar y perderme por entre los pueblos, las casas rurales, los restaurantes y los caminos menos usuales.

Después escribiré un articulo profesional para el medio que me da de comer y otro para mi bitácora: el que alimenta el alma.